
Hay productos que simplemente no “encajan” bien en ciertos formatos.
Se deforman, no sellan correctamente o generan complicaciones en el proceso.
Y entonces el equipo se adapta, hace ajustes, “le encuentra la forma”… pero el problema sigue ahí.
Con el tiempo, eso se traduce en merma, retrabajos y desgaste operativo.
Porque la realidad es esta:
no todos los productos deben forzarse a un mismo formato de empaque.
A veces, el verdadero cambio no está en mejorar el proceso… sino en replantear cómo lo estás ejecutando desde el origen.

